16 febrero 2010

Delineador de ellos

Pongámosle nombres. O mantengamos algunos de los que tienen.

Alejandro sólo quería ser brillante. Y un poco más: para Alejandro la norma era la ambición, políticamente correcta, siempre que se pudiera, o sea, no siempre.

Julián sólo quería que lo quisieran y esa era la base de su inestabilidad. Para su bien y para su mal. Y para los de alrededor. Pero le gustaba jugar a que era maduro.

Antonio... Antonio estaba atravesado por los libros. Por tener libros, por leer libros... por escribir libros. Ahora que lo pienso, quizás no tanto por hacer libros. No hay duda de que hecer libros era una pasión para Alejandro. Seguramente también para Julián, aunque probablemente estuviera más ligado a encontrar un lugar. Y Julián no era experto en encontrar lugares, de modo que eso ya era bastante. La pasión -si es que no existía, que tengo mis dudas- podía aprenderse.

Pero volvamos a Antonio. Antonio se había enamorado de Natalia, pero se había quedado con Sandra. Se había encandilado con Luciana pero no había respondido el llamado -diez años después-. Se había separado de Sandra y vivía con Elena.

Alejandro vivía asustado de dejar de ser ese Alejandro que había construido. Y estaba cada vez más convencido de que lo más difícil no era llegar, sino mantenerse. Además, prefería el trabajo que su casa. Su frase era "menos mal que existe el trabajo". Había construido una rutina para estar fuera: la necesidad de la lectura (pre tiempo), el trabajo ultrademandante (garantía de pos tiempo) y el turismo de fin de semana (cosa de que la intimidad se centre en compartir la belleza del entorno cultural).

Julián se parecía un poco a Alejandro en la modalidad de escape. En lo afectivo, estaba acostumbrado a hacer todo demasiado rápido, no fuera que aquello fuera a desvanecerse. Para lo laboral -o lo profesional- había empezado un poco tarde. Y jugaba a que todavía era temprano.

Antonio tenía una vida distinta de la que quería. Años luz distante de la que se había figurado, sin saber cómo era esa otra que él mismo esperaba para él. Quería trabajar menos, de hecho hacía rendir con creces un trabajo mínimo (en quince años se había vuelto experto en "parecer" y hasta había ascendido en base a ello) . Le importaba leer y escuchar música. Y estar enamorado como había estado enamorado de Natalia.

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